Art i Recerca 491  
 

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Dicen que hablar de pintura es como bailar de arquitectura, es decir absurdo. También es cierto que se puede hablar de cualquier cosa. Pero en el caso de la relación entre la palabra, el lenguaje verbal, y la imagen, en el lenguaje gráfico, siempre es necesario actuar con precaución. Existe una enorme cantidad de textos donde se habla de pintura, de arte, de creación gráfica. Es cierto que se puede abordar el conocimiento de la creación gráfica desde múltiples puntos de vista: históricos, formales, iconográficos, psicoanalíticos, documentales, etc. El verdadero problema es cuando la palabra pretende explicar y “hacer entender” una obra gráfica. Muchas veces la traducción al lenguaje verbal se mueve entre la prepotencia, al querer explicar una realidad totalmente diferente a él, y el consuelo, al pretender dar sentido a una cosa que nos inquieta porque no entendemos.

La verdadera dimensión de la imagen, de la creación gráfica, del arte, reside allí donde las capacidades de designación de la palabra no pueden llegar. Podemos hablar de todo, y hace falta hacerlo. Pero para “entender” el arte, para alcanzar cualquier imagen, no sirve la palabra. Es preciso enfrentarse sin intermediarios.

La magia de las imágenes comienza en su capacidad de provocar sensaciones, de vibrar en la mente, o el corazón, o el alma (digámosle como queramos). Un poco a la manera en que lo hace una cuerda tensada.Detrás de muchas imágenes podemos encontrar una narración. La historia del arte nos da infinidad de ejemplos donde la obra tiene un contenido temático: histórico, religioso, mitológico, social, etc. Conocer este contenido nos ayuda a alcanzar más completamente la obra. Pero finalmente lo menos importante es la historia, si está ahí, que la imagen quiere explicar. Es la capacidad de provocar la vibración, a que antes me refería, la que dará sentido a la imagen. La narración, el tema, es el punto de partida. La combinación de los diferentes elementos plásticos, la composición, el estilo, el trazo personal, el punto de vista original, es el que hará emotiva la obra. El que tensará la cuerda y la hará vibrar.
En este preámbulo me quiero centrar en este hecho. Para poder hablar de mi obra, necesito previamente acotar que lo que pueda decir no deja de ser una manera de explicar a quien lo lea, y a mí mismo, ciertos aspectos de mi trabajo. Pero en ningún caso es la traducción al lenguaje escrito de un objeto gráfico. Dada la imposibilidad de explicar de una manera directa y frontal una obra plástica, es preciso recurrir a las analogías, las metáforas y a recursos más cercanos al lenguaje poético. En el caso que ahora me ocupa no será necesario hilar tan fino ya que me centraré en aspectos menos substanciales. No abordaré la obra en sí misma y me centraré en cuáles son mis motivaciones y referentes. Trataré de acotar y contextualizar mi trabajo.

Uno de los referentes formales de mi trabajo es el arte románico. El uso de formas, símbolos simples y la incorporación de elementos tipográficos tienen que ver con las imágenes características de aquel arte medieval. Esta influencia tiene que ver con la vibración a que hacía referencia anteriormente. No es una voluntad estilística ni mucho menos de ninguna reafirmación de una tradición local. En absoluto. Desde siempre, y por una cuestión bien simple de afinidad de lenguaje, la contemplación de muchas obras del arte románico me han provocado un lazo afectivo y emotivo. Podríamos decir que lo “entendía” en el sentido más profundo y al margen de su narrativa implícita, al margen del contenido temático. Este entendimiento al que me refiero es una complicidad formal, de lenguaje. En ningún caso se trata de una influencia iconográfica en el sentido en que lo podría hacer un diseñador gráfico. No me apropio de ningún repertorio de formas para trasladarlo a un trabajo actual.

El porqué de esta vinculación no me interesa demasiado, simplemente está ahí. Puedo decir que muchas pinturas románicas, muchos fragmentos, detalles, me han abordado como un puñetazo. Se me han impuesto con una atracción irracional, silenciosa, sin necesitar significados, consuelos, tan solo por su propia capacidad de conmover.Por otro lado, y ligado a lo anterior, también ciertas formas del diseño gráfico pueden considerarse referentes de mi trabajo. Seguramente por su carácter simbólico y esquemático que muchas veces es un correlato actualizado del trabajo de los artistas medievales. De la pintura románica y hasta de la heráldica medieval. Hasta me reconozco en las formas más naïf y espontáneas de la gráfica popular y anónima como las que aparecen hasta no hace mucho en los vidrios de los bares y casas de comidas para anunciar los platos y las tapas que se ofrecían.

Otras veces las formas que aparecen en mis obras tienen su origen en imágenes captadas al azar, hasta incluso de reojo: hierros en una pared, una cortina  a contraluz, un brazo de un graffiti medio borrado, las olas en un charco de agua, …. imágenes que me han cautivado por sorpresa. Con el tiempo algunas de estas formas han desaparecido de mi repertorio iconográfico, otras han tenido más recorrido y han crecido adquiriendo nuevos contenidos. Como pasa con los colores, también las formas interactúan entre ellas para adquirir “nuevos contenidos simbólicos”.

Ahora hablo con cierto reconocimiento de estos referentes de mi trabajo. Pero, para ello ha tenido que pasar el tiempo. Ha sido con posterioridad cuando he reconocido las vinculaciones de mi trabajo con los referentes que acabo de comentar. Para llegar al punto donde ahora me encuentro ha habido muchas otras influencias, mejor o peor digeridas. Como todo el mundo que crea imágenes, yo también he comido en cocinas diversas y he comido platos porque tocaba comerlos.

Pero finalmente acabas haciendo aquello que has de hacer, cada vez hay menos margen a la frivolidad. Hay lo que hay.

Para ver estas obras ampliadas podéis ir a la sección de esta misma web: "Galería".

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