Art i Recerca 491  
 

¿Una galería o una idea?

Estamos ya al filo de la década de los 80 y una pregunta parece asaltarnos, insistentemente: ¿ qué sentido tiene hoy hablar de arte de vanguardia, con qué bases podríamos sustentar una recuperación de aquel espíritu transgresor que animó las primeras décadas de este siglo?

Enunciada como calificativo, la vanguardia, es hoy un ente sin razón, si nos atenemos a lo que en la historia del arte ha ocurrido en los últimos cuarenta años. La voluntad transformadora del mundo y las rupturas formales que caracterizaron aquellos movimientos “heroicos no se han evaporado, ciertamente, en las aportaciones de estas últimas décadas, pero sí su capacidad de incidencia real, histórica – en tanto que proyectos activistas, del mismo modo como sus innovaciones en el lenguaje se han convertido en la repetición o relectura de las propuestas anteriores.

Entre aquellas vanguardias “creíbles” y las actuales, que podríamos calificar de “desprestigiadas” existe un cambio de nivel de dominación mundial. Las perspectivas de un mundo en progreso en el seno del propio capitalismo – producto de la euforia económica de los años sesenta- ha dado paso a una situación de crisis generalizada en la que ya no es materialmente posible la utopía de que una racionalización del bienestar ha de conducir a un mundo más libre. También en la década anterior existió la  confianza de que un cambio en la expresión produciría un cambio en la dominación. El mayo francés, los movimientos alternativos  ( comunas, luchas feministas) y en el campo propiamente artístico el happening, creyeron todos ellos aquella propuesta de que la revolución comienza por uno mismo, de que sólo una transformación radical a nivel de sujeto podía transformar realmente las relaciones sociales. Y no sólo esto, sino que existía asimismo una confianza de que esta nueva  vía acabaría minando el sistema, socavando sus principios más fundamentales.

Sin embargo los últimos años asistimos a una flexibilización  en las costumbres que corre pareja, curiosamente a una radicalización conservadora en el ámbito de lo estrictamente político: los Estados toleran una liberación creciente en el comportamiento privado e incluso en el de ciertos grupos marginales mientras invaden con fuerza descarada todos los ámbitos de la vida cotidiana.

En este panorama no extraña una cierta mala conciencia de aquellos sectores intelectuales que ven frustradas sus aspiraciones a cambiar el mundo mediante proclamas  y manifiestos. En el terreno artístico, el mercado y las instituciones especializadas, (museos, crítica) cumplen hoy un papel integrador. De aquellas propuestas pretendidamente “radicales”. Lejos queda aquel momento en que los grupos se dirigían a toda la sociedad: hoy el filtro operador del sistema es una dificultad insalvable. Asumir esta realidad es difícil porque supone, de entrada, un fracaso; negarla es caer en la utopía. Pero por eso mismo , asumirla implica la lucidez de conocer el exacto lugar y las posibilidades reales que este momento histórico ofrece: el bagaje cultural de casi un siglo de experiencias rupturistas en todos los órdenes ( formales e ideológicos) no puede barrerse en un gesto apocalíptico o nihilista.

Todo lo dicho viene a cuento para entender , o situar, el sentido de una nueva galería que pretende de entrada, recuperar el espíritu de las primeras vanguardias. Su nombre, 491, enlaza con la famosa galería creada por Stiegliz en 1908 en Nueva York, la 291, y con la revista Picabia editó en 1917 en Barcelona, la 391.

El primer personaje es el ejemplo claro de intelectual independiente que se dedica a aglutinar y defender, con decidido entusiasmo, todas aquellas aportaciones que “honestamente, se revelen contra la autocracia de los convencionalismos”, según sus propias palabras. Stiegliz expuso a los primeros abstractos norteamericanos (Dove, weber, Harley) y a los grandes de la modernidad europea. (Cézanne, Matise, Picasso, Brancusi). Creó, podría decirse, el núcleo inicial, el clima apropiado para que pudiera  desarrollarse un arte de vanguardia  en Norteamérica. El segundo, Mundial, decidió publicar esta vez apoyado por un hombre más ecléctico pero no menos entusiasta, el catalán Dalmau. "Cherchez a contraidre moins qu'à plaire" se lee en su poema Revolver (n.º2 de "391", 1917). Este espíritu agitador, de rechazo nos haría tal vez, en boca de otro, simplemente sonreír. El espíritu de cruzada de las vanguardias heroicas ha perdido, efecitvamente toda credibilidad.

Sin embargo el mundo sigue su curso, el ser humano necesita vitalmente expresarse y los medios a su alcance se enriquecen de una historia compleja y llena de sugerencias desde las que partir. Si los contenidos han cambiado, si la utopía redencionista ya no ha lugar, no por ello se ha agotado la capacidad de comunicación o de transformación de ideología, sólo esta vez con distintos términos.


Esta galería que hoy inaugura tiene bien presentes estas condiciones y ha decidido, como opción, ser un punto de encuentro de actividades diversas. En un contexto como el de Barcelona, nos parece constructivo un enfoque que es a la vez de estudio, de recuperación de valores no suficientemente reconocidos.

Victoria Combalía Dexeus.

 

Todos con Brossa - La Vanguardia 3 de octubre de 1979. Sección País -


Mañana por la tarde se inagura una nueva sala de exposiciones. Brotó en el 197 de la calle de Provença. La han bautizado "Galeria 491". Ignoro por qué y a quién apadrinó el nombre. Pero uno puede sustraerse a la influencia del bagaje cultural, y de ahí venga automáticamente a la memoria la revista que Picabia fundó en Nueva York y que se llamaba "291". Dos años después de -1917 -, el maestro de la provocación y cerebro gris del vanguardismo de la época se viene a Barcelona , donde publica los cuatro primeros números de "391". Ergo...

Pero la noticia no es ésa.

Hasta hace relativamente poco tiempo, Joan Brossa era un perfecto desconocido, fuera de un círculo de iniciados tan reducido como selecto. Por catalanista, demócrata de izquierdas, perfeccionista y vanguardista publicó muy poco o casi nada. Esta temporada, la poesía editada tendrá ya tres gruesos volúmenes (unas 2.500 páginas), pero faltará todavía uno más para dar a conocer las 323 piezas que lleva escritas desde 1945. Pero además, en la historia de nuestra Cultura, Brossa es cita obligada  esencial al tener que referir su labor vital de puente entre las nuevas generaciones de la posguerra y los de antes. Y todavía más: cuántos escritores y cuántos artistas no sólo han desfilado por su "cau" para recabar ánimo, consejos y orientación, sino que han encajado beneficiosamente su influencia - me abstendré por recato de mentar a los que le han plagiado sin la menor vergüenza-.

Bien, la noticia es que Joan Brossa ¡expone por primera vez en Barcelona! Serigrafías de sus poemas visuales serán mostradas en la "Galeria 491".

Nadie de los que admiran, nadie de los que están en deuda con él puede faltar. Joan Brossa merece mucho más, pero por lo pronto mañana basta con eso. - LLUÍS PERMANYER

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